lunes, 22 de mayo de 2017

Crónicas del señor de la guerra, de Bernard Cornwell

                Crónicas del Señor de la Guerra es una trilogía del novelista inglés Bernard Cornwell. Consta de las siguientes novelas, publicadas en 1995, 1996 y 1997, respectivamente:
                -El rey del invierno
                -El enemigo de Dios
                -Excalibur
                En total, la trilogía tiene unas 1.800 páginas, una media de 600 por novela. No es tan larga como Canción de hielo y fuego, pero tampoco es lectura para sólo una semana. Mi análisis versa sobre la totalidad de la trilogía.
                La mayor parte de la obra de este autor es novela histórica. Ficción histórica, para ser más exactos, ya que suele utilizar como recursos hechos y lugares reales, y encajar en ellos una historia ficticia con personajes reales o ficticios. En este caso, el ambiente utilizado es la Britania post-romana, cuando el imperio romano ha desaparecido de la isla, salvo por las ruinas y objetos que son testigos de su anterior estancia. Es la época de Arturo “el rey que no fue”, tal como varias veces se le menciona en la obra.
                El narrador y protagonista principal es Derfel Cadarn, un britano de origen sajón adoptado por Merlín. Dicho protagonista-narrador, ya viejo y nostálgico, se decide a dejar constancia por escrito de su vida, ligada a todos los personajes de las leyendas artúricas (Merlín, Ginebra, Lancelot, Galahad...), narrando en primera persona la historia desde su niñez.
                La obra, tal como me sucedió con Canción de hielo y fuego, al principio puede confundir por la cantidad de personajes que despliega, pero, conforme avanza, crea un abanico de personalidades diferenciadas y relaciones entre personajes bastante rico y complejo. Como detalle añadido, todos los personajes son muy realistas y humanos, nada que ver con los mitos y leyendas sobre Arturo y Camelot de la cultura popular.
                El ambiente y sus elementos me han parecido el punto más destacable de esta obra. El clima y el terreno están bien descritos, y mejor aún las diferencias entre reinos, los problemas con los sajones en la frontera, el avance del cristianismo frente al paganismo reinante, la superstición de las clases bajas (y altas), con mención especial para los rituales de los druidas antes de los combates en las barreras de escudos... y la magia. Me ha gustado mucho el tratamiento que recibe la magia. Al acabar la novela, aún es posible preguntarse: ¿hay magia real en esta obra?. En resumen, un ambiente muy cuidado, con abundancia de detalles.
                En cuanto al estilo, es bastante rico en detalles. Es fácil imaginar los paisajes y las situaciones (mención especial para las batallas).          
Como punto en contra, tras leer la trilogía sin pausa, me ha molestado el hecho de que se repita la narración. Me explico: conforme se avanza en la lectura, aparecen referencias a hechos que habían sucedido anteriormente, repitiéndose. La sensación es como cuando las series de televisión empiezan el capítulo con: “En episodios anteriores...”. Es un recurso que puede estar bien para poner en antecedentes, o si el lector hace mucho tiempo que leyó la anterior entrega, pero en un caso como el mío, me ha resultado superfluo y molesto, haciéndome leer pasajes que ya había leído anteriormente, o volviendo a presentar personajes que ya habían sido presentados. Daba un tono repetitivo a la historia. En cualquier caso, es un pequeño contrapunto que, en determinadas circunstancias, puede ser aconsejable.

En resumen, y aun sabiendo que se trata de una ficción histórica, cualquier amante de la novela histórica interesado en las leyendas artúricas, encontrará en esta trilogía un buen pasatiempo y una especulación interesante. Y no sólo los amantes de la novela histórica, sino que cualquiera que quiera viajar a otro lugar y otro tiempo, seguro que disfruta del paseo que le ofrece Bernard Cornwell con esta obra.

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