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lunes, 5 de noviembre de 2018

Mal de altura, de Jon Krakauer

                En 1996 tuvo lugar una tragedia en el Everest. El periodista estadounidense Jon Krakauer estaba allí en ese momento, recopilando información para un artículo sobre la explotación comercial de la montaña. Superviviente de la tragedia, escribió un reportaje, y tiempo después añadió algunas aclaraciones, que es lo que encontramos en esta novela documental.
                A lo largo de sus 368 páginas, el autor expone en primera persona la crónica de una expedición motivada tanto por su trabajo como por un reto personal pendiente. El Everest, la cumbre más alta a la que puede aspirar cualquier alpinista, había sido una tarea pendiente para el autor, apasionado del montañismo, hasta que le surge la oportunidad de realizar una costosa expedición costeada por la revista donde trabajaba.
                Tal como el autor expone, una de las preguntas cuya respuesta buscaba para su trabajo es: ¿qué motiva a las personas que emprenden la dura tarea de ascender a esa zona poniendo en riesgo su propia vida, viviendo en unas condiciones climatológicas no aptas para la supervivencia, y todo ello tras haber sufrido penurias durante varios meses, y haber gastado una considerable cantidad de dinero, no apta para todos los bolsillos?. A ello hay que añadir la poca preparación de algunos de los que deciden emprender dicha aventura, que no son alpinistas profesionales, lo cual queda muy bien reflejado en esta historia.
                Los personajes de la historia son el propio autor, los guías de las expediciones que coincidieron en esas fechas, los propios clientes de esos guías y los sherpas que los acompañaban. Diversos grupos que se ven entremezclados en esta aventura (o desventura, que sería más apropiado). Todos ellos son personajes reales, cuyos testimonios también fueron recopilados por el autor, que llevó a cabo una ardua tarea de reconstrucción de los hechos que él mismo había vivido, contrastando su punto de vista con el de los demás supervivientes.
                El estilo de la narración es tal que mantiene enganchado al lector en todo momento. No sólo explica cómo se lleva a cabo una compleja expedición de este tipo, sino que lo hace explicando los detalles técnicos de tal forma que cualquier persona ajena al montañismo pueda comprender qué se está haciendo y qué es lo que está en juego. La continua tensión de la historia no necesita de grandes artificios literarios para convertir la historia en emocionante, porque ya lo es de por sí. Y la forma en que Jon Krakauer lo relata es magistral.
                El hecho de que no estemos ante una novela estrictamente hablando, sino ante un reportaje, hace que haya dos lecturas distintas de esta historia que el lector encontrará a la vez: por la parte novelesca, hay una historia de aventuras, ambientada en una inhóspita zona montañosa donde un grupo de personas intenta alcanzar la cumbre más alta, tarea que a priori parece más allá de lo que el grupo puede soportar físicamente. La otra lectura es un ejemplo de una expedición de este tipo en la realidad, día a día. Todo ello teniendo en cuenta que tanto los personajes como el ambiente en que se mueven es real. Así, el Everest queda reflejado como lo que realmente es: una meta ambiciosa, no apta para cualquiera.
                El tema principal de esta obra es difícil de destacar, pero me quedaría con la ambición humana, que es tal vez la respuesta que autor buscaba y que, años después, siguió intentando explicar.
                Aunque pueda quedar mal decirlo, he disfrutado leyendo esta novela. No es que haya disfrutado de los hechos que se narran, sino de la otra lectura, lo que se aprende. Hay novelas que son como un viaje, como un agradable paseo. En otras se conocen personajes que dejan huella, que disfrutamos conociéndolos. En esta novela, para mí, es de las que se aprenden cosas. Muchas cosas. Como aficionado al montañismo, he aprendido por la experiencia ajena qué es exactamente vivir a esas alturas inhóspitas donde el cuerpo humano no funciona como debería. Cuáles son los riesgos, y cuáles las recompensas, si las hay. Qué puede pasar, qué se puede esperar. Y, sobre todo, que sirva de advertencia para todos los que puedan aprender algo de errores ajenos.

                Novela muy recomendable, sin lugar a dudas. Imprescindible para los aficionados a la montaña.

jueves, 28 de junio de 2018

Pórtico, de Frederik Pohl

                Pórtico es la primera novela de la tetralogía que forma la Saga Heechee del escritor estadounidense Frederik Pohl. Fue publicada en 1977, y fue galardonada, entre otros, con los premios Hugo y Nébula. Tiene una extensión de 368 páginas.
                Tras haber leído Artemisa, de Andy Weir, y haberme llevado una decepción, quizás por lo mucho que me había gustado El marciano (lamento no haber hecho la crítica de Artemisa. No la pude hacer en su momento, y ahora ya no tengo tan frescos los detalles como para hacer una crítica ajustada), pues bien: empecé con otra obra de la lista de “pendientes” del género de Ciencia Ficción para intentar olvidar la impresión de “obra normalita” que me había dejado mi anterior lectura. La elección fue Pórtico, y ha cumplido sus expectativas.
                Sin revelar más detalles de los que se indican al principio de la novela, la historia tiene su punto de partida en el descubrimiento de los restos de una antigua civilización alienígena en Venus, los Heechee, de los cuales no se tiene más rastro que los objetos que han dejado. Esos hallazgos propician el posterior descubrimiento de un asteroide en cuyo interior hay una flota de naves espaciales intacta, lista para viajar por toda la galaxia. Añadiré sólo un detalle más: al no haber más vestigios que los objetos alienígenas encontrados, sin documentación ni comunicaciones, la Humanidad no tiene ni las más remota idea de qué es todo lo que encuentra, para qué vale, cómo funciona ni cómo era quien lo hizo, por lo que la investigación se hace por el más rudimentario de los métodos: ensayo y error.
                El protagonista es, a su vez, el narrador de la historia. Robinette Broadhead, que decide viajar a Pórtico y abandonar la Tierra, con la esperanza de unirse al grupo de aventureros que exploran la galaxia con las naves Heechee encontradas y hacerse rico. Esta novela, pues, es la historia de su particular odisea, contada por él mismo.
                La trama está partida. Por una parte, el presente, en el que el protagonista narra sus sesiones con un robot/inteligencia artificial que es su psiquiatra. Esos capítulos se van alternado con otros capítulos del pasado, y conforme la historia avanza, ambas tramas convergen al final.
                Los personajes no están muy desarrollados, ni siquiera el protagonista, pero tampoco es necesario en esta historia. Aun así, me chirrían algunos rasgos de la personalidad de los mismos, que me han parecido algo forzados. Los personajes secundarios, de algunos se sabe poco más que el nombre. Como digo, tampoco es un defecto grave.
                El ambiente está muy conseguido. Pese a no dar demasiados detalles a veces, aparecen los suficientes para que el lector se sumerja en la historia y vea cómo es la vida en Pórtico, cómo funciona, qué se hace ahí, y qué se puede esperar. Muchas veces, en la Literatura, con conseguir sólo lo de hacer al lector viajar a otro lugar extraño, ya se ha conseguido un gran hito, y en esta novela lo consigue, además de otras cosas.
                El tema principal es la exploración espacial y sus costes. Se puede hacer un paralelismo con las expediciones de la época de los grandes descubrimientos, y en esta historia se pone de manifiesto lo costoso que es para la Humanidad alcanzar nuevos horizontes.
                Hay algo que he echado en falta durante la lectura: el punto de partida es muy bueno, abre paso a un abanico de posibilidades que, conforme se avanza en la historia, he sentido que se iban comprimiendo y cerrando. Sin embargo, una vez leída la novela completa, es comprensible que quede la sensación de que la historia podía dar más de sí. Y está bien como está.

                Si queréis vivir por un momento una historia de arqueología espacial con algunas reflexiones interesantes, os recomiendo esta novela. Posiblemente seguiré con el resto de la saga, aunque si no lo hago, tampoco me quedo con la sensación de que sea necesario, pues la novela es casi autoconclusiva.

lunes, 14 de abril de 2014

Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift

                Los viajes de Gulliver fue publicada en 1726, del autor Jonathan Swift. En la actualidad, es una obra muy conocida que ya forma parte de la cultura popular (¿quién no conoce el país de Liliput, poblado por seres diminutos?).
                El médico Lemuel Gulliver es el protagonista, y el que cuenta la historia en primera persona. Amante de los viajes y la navegación, la novela consta de cuatro partes, en cada una de las cuales Gulliver narra uno de sus viajes a países exóticos.
                La historia es muy imaginativa y fantástica, apta para niños. Pero eso es sólo la primera impresión. Por medio de comparaciones entre los países que visita y su Inglaterra natal, el viajero pone de manifiesto una feroz crítica contra la sociedad, realzando lo mejor y lo peor de la misma. A medida que se avanza en la historia, la crítica se hace cada vez más patente, hasta llegado el final donde las comparaciones y las críticas llegan al extremo de parecer un folletín de propaganda política, donde se adentra en terrenos utópicos poco aplicables en la vida real, pero moralmente deseables.
                Me asombra ver que la crítica que subyace en las vivencias de Gulliver, pese a haber pasado tres siglos desde su publicación, son perfectamente aplicables a día de hoy, si bien la monarquía tal como la describe, goza actualmente de menos poder que entonces (o al menos, eso parece). Eso da que pensar que los problemas políticos y sociales evolucionan poco, pero están enquistados desde hace bastante tiempo.
                Antes de leerlo pensaba que era un libro infantil/juvenil, pero me ha sorprendido comprobar su complejidad. No creo que un niño pueda llegar a ver esa complejidad, pero sin embargo, la historia cuenta con muchos elementos que deben ser bastante atractivos y que estimularán la imaginación de cualquiera, por lo que lo considero una obra que bien puede estar a su alcance.
                Con esta historia, creo que debe pasar como con El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, que según en el momento de la vida en que se lee, transmite una información u otra distinta, más rica y elaborada.
                En cuanto al ambiente, evoca a esas novelas de aventuras, de viajes a lo desconocido (como podría ser El corazón de las tinieblas, de Conrad). Es un  ambiente que a mí, particularmente, me gusta mucho. Ese romanticismo de viajes por mares desconocidos, lugares inhóspitos donde nadie ha llegado, tierras nuevas y gentes extrañas por conocer. Eso es lo que hay en Los viajes de Gulliver.
                En lo que respecta al ritmo, está muy conseguido. El paso del tiempo va acorde con la narración, y cada uno de los viajes está perfectamente diferenciado por el retorno a casa del protagonista.
                A los que disfruten con las novelas de aventuras, no saldrán defraudados con ésta. Aun conociendo de qué va cada uno de los viajes (por haber tantas referencias a esta historia), siempre es más rica en detalles la historia original que los filtros que llegan por otros medios, sea televisión, sea tradición oral.
                Un clásico muy recomendable, y que da que pensar.

lunes, 7 de octubre de 2013

En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán

                En busca del unicornio, del jiennense Juan Eslava Galán, fue Premio Planeta en 1987 y, hasta el momento, es la única novela galardonada con dicho premio que puedo decir que me ha gustado (me falta la última de Lorenzo Silva, La marca del meridiano, que si sigue con la calidad de anteriores entregas de la saga, supongo que tampoco estará mal).
                En cuanto a este autor, creía que no lo conocía, pero sí. Con el seudónimo de “Nicholas Wilcox” publicó, entre otras obras, la “Trilogía templaria”, la cual leí hace bastantes años y me pareció bastante entretenida. De hecho, hay cierto paralelismo entre En busca del unicornio y la primera novela de la trilogía, Los falsos peregrinos. En este caso, cuando el autor firma con su nombre original, según mi opinión, la obra es de mejor calidad.
                En busca del unicornio se puede catalogar como novela histórica, ambientada en el siglo XV durante el reinado de Enrique IV el Impotente. Precisamente el apodo del monarca es el que da lugar a la historia, ya que para curar su virilidad maltrecha, manda una expedición a buscar el objeto que le ayudará a conseguirlo: un cuerno de unicornio. Es ahí donde entra en juego el protagonista, Juan de Olid, que será el encargado de dirigir la expedición, compuesta por un fraile, un traductor y un grupo de ballesteros, así como otras personas necesarias para dar con el animal (y no cuento más).
                La novela es toda ella un viaje en busca del unicornio, y el protagonista narra sus vivencias, que lo llevarán desde el reino de Castilla hasta lo más profundo de África, terreno que por entonces permanecía desconocido para la totalidad de los expedicionarios (y para los coetáneos de los expedicionarios).
                Merece especial mención el ambiente. Creado a base de rigurosas descripciones paisajísticas y de los personajes que pueblan la obra, ha sido cuidada hasta el extremo de adaptar la narración y las conversaciones al castellano antiguo, y ello sin perjudicar el entendimiento de la lectura ni haciéndolo pesado. Gracias a las expresiones, las reflexiones y la forma de comunicarse, es muy fácil meterse dentro de esa época y esos lugares que el narrador describe.
                En cuanto a los temas tratados, son varios, y -esto es opinión personal-, la conclusión que se saca al terminar la novela, puede ser muy distinta de un lector a otro. En mi caso, he encontrado que esta obra habla del deber, de la disciplina, de aventura, de lucha contra el ambiente y contra uno mismo. Habla de añoranza, de cambio, de nostalgia. También de ignorancia y adónde puede llevar la misma, e injusticia (totalmente opuesta al maniqueísmo que tanto odio, por irreal).
                Cuando cae en mis manos una obra de este calibre, es cuando me doy cuenta del daño que hacen los best-sellers malos (porque no todos lo son, que alguno se escapa) a las historias y a la literatura en general,, porque como ésos (los best-sellers malos) se escriben con un manual (pregúntenle a Dan Brown), en esta novela, el lector está todo el rato esperando ese momento Deus ex machina que lo arreglará todo por arte de magia, y no lo hay. Porque en esta obra pasan las cosas que pasan, y lo que no pasa, no pasa. Pero no le pasan cosas buenas a los buenos y malas a los malos y al final todo queda en equilibrio. El que busque eso, que lea La caída de los gigantes, por ejemplo.
                Sin dar más detalles, diré que me ha encantado. Es una de esas historias que te transporta a otro tiempo y a otro lugar, y en mi caso me he visto acompañando a la expedición y compartiendo sus aventuras y sus vivencias.
                El estilo, aparte del uso del castellano antiguo, es humorístico a veces, pero generalmente es serio, quedando muy bien definidos los rasgos psicológicos y pensamiento de la época, no sólo del protagonista, sino de todos los personajes que pueblan la historia.
                Sólo puedo decir dos palabras que lo resumen todo: muy recomendable.

lunes, 15 de julio de 2013

Seda, de Alessandro Baricco

                 Seda es una novela de 128 páginas que se puede leer perfectamente en una tarde tranquila. Fue publicada en 1996, obra del autor italiano Alessandro Baricco.
                Ambientada en el siglo XIX, la historia tiene lugar en dos localizaciones muy distantes entre sí: el pueblo de Lavilledieu, en Francia, donde vive el protagonista, y Japón.
                El protagonista, Hervé Joncour, es un comerciante que se dedica a la compraventa de huevos de gusano de seda, los cuales son la base de la industria de su pueblo, donde vive con su mujer. Debido a este trabajo, se ve obligado a realizar numerosos viajes a Japón, donde descubre un mundo totalmente distinto al que está acostumbrado.
                Sin entrar a dar más detalles de la historia, y sin encuadrarla en ningún estilo concreto, pasaré a describir cómo la he vivido yo:
                Me ha parecido una historia bella, aunque rara. Leerla ha sido como leer una poesía adaptada a novela. Frases cortas pero elocuentes y directas. Capítulos cortísimos (algunos ocupan menos de una página). Descripciones poco abundantes pero que añaden ese toque de colorido que ambienta la historia. Parece una historia de amor, pero la verdad es que no me queda claro cómo encuadrarla, ya que no es sólo eso, hay algo más.
                Es difícil sacar conclusiones sobre el mensaje que quiere transmitir la historia, ya que se limita a narrar los hechos, dejando al lector la tarea de interpretarlos, y a mí personalmente me surgen distintas interpretaciones. Es por ello que me ha parecido una buena historia, porque me hace pensar y porque me ha hecho entrar en distintos detalles y dilemas que no me han dejado indiferente.
                Yo soy de los que cree que una buena obra siempre deja su huella, aunque no nos demos cuenta. Puede ser el estilo poético que hace al lector desconectar de su presente. Puede ser alguna frase clarividente que explica lo que nosotros nunca hemos conseguido explicar con palabras, o puede ser una vivencia transmitida con tal intensidad, que el lector siente como si hubiera sido suya. En cualquier caso, Seda es una de esas historias que dejan residuo, aunque cada cual lo vivirá a su manera. En mi caso, el final me dejó impactado, porque no lo esperaba y además dejaba abierta una puerta a numerosas interpretaciones.
                La recomiendo, porque aunque el que la lea no le guste, al menos no habrá tenido que dedicar su tiempo libre de un mes en leerse un tostón de mil y pico páginas, que los hay por el mercado ¡y son best-sellers!        

martes, 9 de abril de 2013

Conan el Cimmerio, de Robert E. Howard

                Tuve un amigo que coleccionaba cómics, y gracias a él fue como conocí las historias de Conan el Cimmerio, del cual sólo tenía la referencia de las películas de Schwarzenegger de los años ochenta. Muchos años después, es decir, ahora, es cuando he decidido leer las historias auténticas de su creador, Robert E. Howard.
                Yo creía que las historias de Conan eran más recientes, pero cuando supe que el autor se había suicidado en 1936 con treinta años de edad, me sorprendió.
                Lo que he leído es una recopilación de historias cortas, de alrededor de veinte páginas cada una. Hay un capítulo inicial donde se explica la formación del mundo en que vive Conan y la historia antigua de dicho mundo. Quedan así las historias encuadradas dentro de la literatura fantástica, en el género de espada y brujería.
                El protagonista es un bárbaro que proviene de Cimmeria, una tierra donde abundan las montañas. El narrador en tercera persona va siguiendo sus aventuras a través de sus viajes por el mundo, que recorre con el único objetivo de alcanzar fama y riqueza.
                Cada historia cuenta una aventura diferente, y al principio se enumeran unos antecedentes que hacen de conexión entre cada historia y la anterior, formando de esta forma una trama lineal en el tiempo. A lo largo de cada historia, se puede ir viendo la evolución del personaje, que pasa de ser un adolescente casi inexperto a un curtido guerrero con amplia experiencia en varios campos, gracias a sus vivencias.
                El personaje está muy bien caracterizado, con unos rasgos muy marcados y una actitud ante el mundo muy definida.
                En cuanto a las historias, tienen varios ingredientes que, aunque se repiten, forman combinaciones que cristalizan en historias entretenidas, donde suelen tener cabida el misterio y la acción. Dichos ingredientes, entre otros, son:
                -Ruinas donde aguardan tesoros ocultos
                -Mujeres misteriosas o desvalidas a las que ayudar o rescatar
                -Tramas políticas o religiosas y luchas por el poder
                -Tierras remotas y desconocidas por descubrir
                -Magia y hechiceros
                -Antagonistas crueles y despiadados
                Esos son algunos de los ingredientes que abundan en las historias de Conan. En cuanto al estilo del autor, me ha parecido muy descriptivo. Es fácil imaginarse esos lugares inhóspitos, esos ambientes opresivos donde el mal acecha a cada instante, esos monstruos que escapan a la imaginación.
                Para todo el que tenga ganas de vivir aventuras, es recomendable seguir las andanzas de Conan. Acompañándolo por su mundo es fácil abstraerse de esta realidad y pasar unos buenos momentos que dejan casi la misma sensación que haber hecho un exótico viaje.

jueves, 23 de agosto de 2012

El puente de los asesinos, de Arturo Pérez Reverte

                Hasta el momento, esta es la última entrega publicada (la séptima) de la saga del capitán Alatriste, aunque aún falta alguna más por ver la luz.
                En el mismo estilo que las anteriores, Pérez Reverte nos cuenta esta vez una historia ambientada en Venecia. Los protagonistas de esta saga son ahora convocados junto a otro grupo de “profesionales” de la espada por Quevedo, que ya va consolidando su papel en la Corte,  para llevar a cabo una misión en la ciudad de suma importancia para España.
                El tono, el ritmo, el lenguaje usado y el ambiente son los mismos a que ya nos tiene acostumbrados el autor, que esta vez describe con minuciosidad la vida, la gente y las costumbres de esa emblemática ciudad hace algunos siglos. Mediante sus descripciones, hace fácil al lector imaginarse esas calles estrechas, ese bullicio de gente y esos peligros que acechan de noche por los oscuros callejones.
                En cuanto a los personajes, es destacable la evolución de los mismos. Esta vez vemos a un capitán más viejo, más experimentado, más desencantado con todo. Poco a poco se va deshaciendo ese misterio que es su forma de comportarse, no sólo mediante sus actos, sino por su interacción con el resto de los personajes, incluido su némesis, Gualterio Malatesta, que también tiene un papel primordial en esta historia. Y en cuanto al narrador, Íñigo Balboa, ya no es ese niño alocado y temperamental. Se ve claramente cómo va creciendo a imagen y semejanza de su tutor, volviéndose más frío, orgulloso y centrado, lo cual le sigue trayendo alguna que otra desavenencia con el capitán. Se forja así esa relación que ya es cada vez menos de admiración-protección como antaño, y se va convirtiendo poco a poco en respeto mutuo, aunque sin perder lo anterior. También aparecen, como no podía ser de otra manera, los compañeros de viaje de los portagonistas, Sebastián Copons y el moro Gurriato, así como Quevedo, que no tiene un papel tan principal como en otras entregas.
                Así, siguiendo en la misma línea que las anteriores, mediante una nueva aventura, se va viendo esa evolución y madurez de los personajes que ya he comentado. Para los que ya van siguiendo las aventuras del capitán, diré que esta no es la mejor, pero tampoco defraudará, ya que todo sigue en la misma tónica que anteriormente, y su lectura es un pasatiempo agradable, a la vez que nos traslada a esa época y ese lugar, que es al fin y al cabo la pretensión de cualquier novela de aventuras.
                Como resumen: recomendable para pasar el rato y seguir la historia del capitán. No recomendable empezar por esta obra si no se han seguido el resto de las aventuras, pues muchos detalles pueden resultar confusos para los que empiezan conociendo a los personajes desde aquí.

jueves, 12 de abril de 2012

Saga del capitán Alatriste, de Arturo Pérez Reverte

                Aunque me falta aún el último publicado hasta la fecha: “El puente de los asesinos”, la lectura de los seis primeros títulos la considero suficiente para elaborar una crítica que no creo que vaya a cambiar mucho con la lectura del último, al cual dedicaré un post aparte.
                La saga del capitán Alatriste  la considero enmarcada dentro de la novela histórica y de aventuras. Lo de “histórica” va con ciertos matices, pues si bien se describe con minucioso detalle la vida durante el siglo XVII, dicha parte histórica está usada por el autor para mostrar el telón de fondo, el paisaje en el que tendrán lugar las aventuras de sus personajes. No por ello desmerece la inmensa labor de documentación del autor, que ha llevado la minuciosidad al extremo, describiendo una sociedad, una forma de vida e incluso un lenguaje, que hace que se dibuje en la mente del lector el cuadro de esa Europa del siglo de Oro a la perfección. Por medio del lenguaje, se nos traslada a ese Madrid turbio y peligroso, de callejones oscuros y luchas a capa y espada, o esas trincheras de Flandes, húmedas y frías, inclementes con los soldados, o bien a ese Mediterráneo lleno de corsarios, cristianos u otomanos.
                Arturo Pérez Reverte, junto a su hija, son los autores de esta saga que aún no está concluida. Como he dicho, con un estilo muy acorde para crear la atmósfera de la época, se narra por medio de Ínigo Balboa y Aguirre sus vivencias junto al capitán Diego Alatriste y Tenorio. Ambos pueden considerarse protagonistas de la historia, si bien el primero, que narra en forma autobiográfica y en primera persona, es el que ofrece su visión del segundo, un ex soldado veterano de guerra que se gana la vida como espada de alquiler. El capitán recibe el encargo de criar a Íñigo a la muerte de su padre, compañero de armas en Flandes, y es ahí donde empieza la historia, con la llegada del joven Íñigo a Madrid, al encontrarse con el capitán.
                Los seis títulos de los que hablo no tienen porqué ser leídos en orden, ya que cada uno de ellos es una historia diferente, aunque es recomendable hacerlo, ya que siguen un orden cronológico donde algunos elementos van enlazando y evolucionando a lo largo de la historia. A grandes rasgos, las seis historias son las siguientes:
                -El capitán Alatriste: Comienzo de la historia, ambientado en Madrid. Un trabajo encargado al capitán, en el que se ve involucrado un noble extranjero da pie a toda una serie de problemas
                -Limpieza de sangre: Un encargo mal llevado a término hace que los protagonistas se vean cara a cara con la Inquisición
                -El sol de Breda: La vuelta del capitán al oficio de las armas lo lleva de regreso a Flandes, y a la vida militar
                -El oro del rey: A la vuelta de tierras holandesas, reciben un encargo en Sevilla relacionado con el oro que llega de las Indias
                -El caballero del jubón amarillo: Los líos amorosos del capitán con una renombrada actriz lo hacen enemistarse con cierto pretendiente
                -Corsarios de Levante: Vivencias de los protagonistas a bordo de una galera que patrulla un Mediterráneo en disputa con los turcos
                Aparte de la soberbia atmósfera creada, la obra cuenta con algunos otros detalles interesantes. Valga como ejemplo la relación amor-odio con la “raza española”, a la que en algunos momentos se alaba, y acto seguido muestra los aspectos más zafios y oscuros, la doble moral, la miseria espiritual, los fanatismos… detalles todos ellos presentes hoy día. La crítica está siempre presente a lo largo de la obra. Crítica a los propios españoles, a sus vecinos europeos, a la ignorancia, etc., detalle muy acorde al estilo de Pérez Reverte. Otra de sus novelas ambientada en tiempos de Napoleón, “La sombra del águila”, tiene un gran parecido con las aventuras del capitán Alatriste. Todos aquellos que disfrutaran leyendo esa obra no se verán defraudados leyendo éstas. Y viceversa.
                Dejando de lado que habrá franceses e ingleses que seguramente se indignarían leyendo esta obra, yo la recomiendo encarecidamente. Quedo a la espera de terminar la siguiente, y que publiquen las siguientes para saber cómo termina la obra.

martes, 23 de agosto de 2011

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

            Al adentrarse en la lectura de esta novela sin ninguna información previa respecto a tema o autor, conforme se va avanzando, quizás se puede llegar a la conclusión de que la historia es exactamente paralela a la de la película de Coppola “Apocalypse Now”, y es que esta película tuvo una de sus nominaciones a los oscar al mejor guión adaptado. Guión adaptado de esta novela publicada en 1902, mucho antes de que se produjera la guerra de Vietnam, lugar donde está ambientada la película.

            Esta novela, como tantas otras del autor, tiene como trasfondo la vida de un marinero, con lo que intenta evocar su propia experiencia en la profesión con la que viajó a lo largo y ancho del mundo.

            La historia comienza con un grupo de marineros en una embarcación en el Támesis. Empieza narrando en primera persona, desde el punto de vista de uno de los marineros, una charla entre todos ellos. En un determinado momento, uno de ellos, llamado Marlow, hace un paralelismo entre ese río en que se hallan, la gente que habita a ambos lados del mismo y una vivencia que tuvo en un río muy diferente, en el Congo. En este momento, el narrador del relato cambia y a partir de entonces la historia se cuenta desde el punto de vista de Marlow, narrado también en primera persona.

            La historia nos lleva a una expedición por un territorio salvaje, totalmente desconocido para el narrador, el cual cuando acepta el trabajo sabe que va a un lugar que no aparece en los mapas. Su objetivo es, siendo el principal responsable de la embarcación que se pone en sus manos, remontar un río y localizar a un agente de la compañía que lo ha contratado, un tal Kurtz, personaje del cual, a lo largo del viaje, el protagonista irá conociendo detalles, algunos verídicos, otros meras conjeturas de personas que lo han conocido superficialmente o que lo han visto.

            Como si de un personaje se tratara, el ambiente se nos va describiendo como algo tangible, como un ente que está omnipresente, como un enemigo contra el que tiene que luchar el narrador. Un enemigo implacable, salvaje, impredecible, desconocido. La selva impenetrable cuyos secretos ocultos son imposibles de adivinar, esos sonidos desconocidos que provienen de la misma, esos salvajes con su mirada de miedo y subordinación, y de cuyo comportamiento se puede esperar cualquier cosa, ese río que hay que remontar, doblegar, escrutar, y que en todo momento es un reto y un peligro para la embarcación, esa falta de medios técnicos y profesionales en este remoto lugar del mundo donde cualquier avería podría suponer una catástrofe… Es ese ambiente, ese entorno desconocido uno de los protagonistas de esta novela, junto con el protagonista, que en su búsqueda para completar la misión que se le ha encomendado, irá describiendo cada percepción tal como la siente, ya que es incapaz de comprenderla.

            Cuando aparece el personaje del que tantas especulaciones se hacen, Kurtz, parece haber sido influido, absorbido, controlado por ese ambiente hostil, y graba en la memoria de Marlow lo que tal vez es su descubrimiento sobre ese entorno “¡El horror, el horror!”

            En esta obra, destacan por su calidad las descripciones, tan vívidas que llegan a dar la sensación de poner frente a los ojos del lector lo que se está describiendo. Es una novela de aventuras realista, que muestra con crudeza una odisea que había empezado con una búsqueda, y acabando con un encuentro que nada tiene que ver con lo que se estaba buscando.